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En la clase de hoy se ha producido un interesante debate con los alumnos acerca de la forma en la que un contexto determinado puede o no influir sobre el desarrollo. La discusión se ha centrado en la idea vigotskiana de “interiorización”. He estado explicando a los alumnos que según Lev Vigotski los procesos psicológicos superiores se producen a causa de la interiorización de los conocimientos – y de las herramientas que los generan y los manejan – de la cultura en la que un sujeto determinado se desarrolla y crece. De tal forma que la inteligencia de cada uno de nosotros está muy ligada al lugar en que nacemos y vivimos.

Desde pequeños absorbemos aquello que es propio de nuestra cultura, especialmente de sus herramientas simbólicas: lenguaje, notaciones científicas, alfabetización, arte, etc.. Esas herramientas pasan a ser nuestras también, y se constituyen en habilidades y competencias psicológicas que podemos hacer uso de ellas ahora de forma individual. En ese proceso de interiorización juega un papel muy importante el otro. Es a través del contacto social con los demás, dentro de la zona potencial de aprendizaje, dónde se produce ese proceso de interiorización. Proceso que es mediado por el lenguaje a través del concepto de mediación semiótica. Por ello Vigotski dice que los procesos psicológicos aparecen siempre dos veces, primero en un plano social y compartido entre el que enseña y el que aprende, en cuyo caso alguien más competente presta al niño esas herramientas y conocimientos para que el aprendiz lleve a cabo sus actividades. En segundo lugar, los procesos psicológicos aparecen en un plano individual cuando el niño ha interiorizado esas herramientas y conocimientos que le ha prestado el otro, ahora ya las puede usar él solo, sin ayuda de los demás. Los procesos por tanto aparecen primero en un plano interpsicológico para después hacerlo en uno intrapsicológico.

La discusión ha aparecido cuando una alumna ha dicho que si este proceso evolutivo explicado por Vigotski es correcto, entonces el nivel de inteligencia está ligado con el nível de desarrollo que posée cada cultura. Así habría culturas que generarían individuos más competentes que otras. La hipótesis no es descabellada y fue una de las principales críticas de las que tuvo que defenderse Vigotski.

No es fácil determinar qué es la inteligencia, pero si la hipótesis de Vigotski fuera buena nos podríamos hacer la siguiente pregunta. ¿Se desarrolla de la misma manera la inteligencia de un sujeto que se educa en una cultura occidental científica y tecnológicamente avanzada, un sujeto que desde pequeño crece rodeado de ordenadores, que aprende a leer y a escribir, que conoce las notaciones matemáticas, que sabe leer e interpretar mapas y planos, que juega al ajedrez, etc, etc., que la de un sujeto que crece en la selva, sin acceso a la escolarización, que es analfabeto, que no tiene acceso ni siquiera a una televisión ni radio?. Pregunta con difícil respuesta, entre otras cosas porque podría ser rebatida por otra como esta. ¿Podría sobrevivir un niño occidental de ocho años en medio de la selva si se perdiera allí?. Probalemente no. En cambio seguro que un nativo de allá lo haría sin problemas. ¿Cuál es más inteligente de los dos?. Entonces, ¿qué es la inteligencia, la capacidad de utilizar herramientas altamente abstractas y simbólicas o es otra cosa?. Esa es una de las preguntas más importantes que intentaremos responder durante el curso.

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La huella psíquica

¿Cómo es posible que todos seamos distintos?, ¿qué influencia tiene la genética en esas diferencias, y cuál es la del ambiente?. Difícil respuesta hay a esas preguntas.

Lo biológico es cada vez más importante en la psicología del siglo XXI, los avances en genética y biología, así como los descubrimientos de las neurociencias cada vez lo muestran con mejor evidencia. La carga genética tiene un gran peso en nuestro desarrollo psicológico, pero no lo determina si no es a través del ambiente. He intentado hacer comprender este hecho tan importante a mis alumnos. La psicología epigenética nos muestra a todos que para explicar la conducta humana, y los procesos internos que la producen, es necesario tener en cuenta ambas variables. El contexto, como ya mostro Bronfenbrener (1987), crea su influencia sobre el desarrollo del niño moldeándolo de manera importante. En este sentido el concepto de plasticidad neuronal, cada vez más usado en las neurociencias, sería una explicación muy convincente de como la interacción de lo heredado con lo ambiental crea cerebros únicos para sujetos irrepetibles. Ni siquiera dos hermanos gemelos univitelinos creados en el mismo ambiente tienen una misma huella psíquica (ver Magistretti y Ansermet, 2006).

Cada uno de nosotros heredamos un cerebro diferente que es moldeado de forma distinta según las experiencias que vivamos: en el amor, en lo cognitivo, en lo social, en lo lingüístico, etc., etc. Pero a pesar de ello tenemos cosas en común, de otra manera la psicología como ciencia sería imposible. Todos pasamos por las mismas etapas del desarrollo, tenemos una forma parecida de desarrollar nuestros procesos y habilidadades humanas, todos adquirimos lenguaje aproximadamente a los 24 meses, pensamiento simbólico aproximadamente a la misma edad, aprendemos a caminar cerca del primer año de vida, pasamos la adolescencia a los mismos años, etc. Y estas habilidades son adquiridas a través de procesos similares a pesar de que las culturas de crianza sean diferentes.

Por eso la conclusión a la que hemos llegado hoy es que somos todos idiográficamente distintos pero normativamente parecidos. Normativamente parecidos porque tenemos un cerebro heredado biológicamente que es muy parecido entre nosotros, pero que se moldea según las experiencias que cada uno vive a lo largo de su vida. Por eso hablamos de la huella psíquica, esa interacción con el medio produce una huella (en forma de red neuronal) que quedaría grabada en nuestro cerebro creando seres propietarios de un cerebro único y diferente a todos los demás, es la parte idiográfica, al igual que nuestras huellas digitales.

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Bronfenbrenner (1987) La ecología del desarrollo humano. Buenos Aires: Paidós

Magistretti, P., y Ansermet, F. (2006) A cada cual su cerebro. Madrid: Editorial Katz

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