A mitad de los años 80, mientras estaba haciendo el doctorado sobre “Modelos de adquisición del lenguaje” en la Universitat de Barcelona, entré por primera vez en contacto con el mundo de las personas con discapacidad mental. En aquellos momentos cursaba los cursos de doctorado por la mañana, pero tenía mucho tiempo libre por la tarde. Por ese motivo busqué un curso de postgrado en el que matricularme. Lo hice en uno de la Fundació Catalana per a la síndrome de Down que se titulaba “Estimulación precoz”. Era, probablemente uno de los primeros cursos sobre el tema que tenía lugar en el país. Estuve dos años formándome allí en la fundació y trabajando con sujetos con discapacidad mental. Fue un curso muy agradable y que me llenó mucho como persona y como profesional, especialmente la parte práctica del curso que tuvo lugar todas las tardes durante dos años. Tanto me llenó que finalmente orienté mi tesis doctoral hacia ese campo. Luego al volver a Mallorca, y mientras obtenía una plaza como profesor titular de la Universitat de les Illes Balears, estuve trabajando en un centro de atención a sujetos con discapacidad mental, parálisis cerebral y autismo casi tres años. Desde entonces siempre he dedicado mi tiempo como investigador al campo de los sujetos con algún problema cognitivo o lingüístico, siempre dentro de la infancia.
Por aquellos años en los que entré en contacto con esta temática nunca se me ocurrió pensar que algún día me tocaría de lleno, en mi familia. Mi madre hace 10 años que tiene Parkinson. Debido a ello ha desarrollado en los dos últimos años una demencia a la que hace pocos meses se le ha añadido un trastorno psicótico. Como decía aquella canción de Pedro Navaja : “… la vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida…”. Desde entonces estoy descubriendo, a la fuerza y a desgana, el lado contrario de aquel en el que trabajo habitualmente. Si normalmente investigo la manera como se desarrolla la cognición y el lenguaje en un sujeto con discapacidad cognitiva en edad infantil, ahora estoy viendo cada día en mi madre la forma como se destruye esa cognición y ese lenguaje en una persona que lo había adquirido sin problemas. Es una experiencia dura en si misma, pero más si lo ves en tu madre. Por ello este apartado que abro ahora y que tratará sobre demencia y parkinson, así como otro que estrenaré más adelante sobre psicosis y parkinson, se lo dedico a ella, porqué la quiero mucho. De hecho cualquier psicólogo verá en este intento una forma de racionalizar la pérdida que siento por mi madre, y probablemente tendrá razón.