Lo biológico es cada vez más importante en la psicología del siglo XXI, los avances en genética y biología, así como los descubrimientos de las neurociencias cada vez lo muestran con mejor evidencia. La carga genética tiene un gran peso en nuestro desarrollo psicológico, pero no lo determina si no es a través del ambiente. He intentado hacer comprender este hecho tan importante a mis alumnos. La psicología epigenética nos muestra a todos que para explicar la conducta humana, y los procesos internos que la producen, es necesario tener en cuenta ambas variables. El contexto, como ya mostro Bronfenbrener (1987), crea su influencia sobre el desarrollo del niño moldeándolo de manera importante. En este sentido el concepto de plasticidad neuronal, cada vez más usado en las neurociencias, sería una explicación muy convincente de como la interacción de lo heredado con lo ambiental crea cerebros únicos para sujetos irrepetibles. Ni siquiera dos hermanos gemelos univitelinos creados en el mismo ambiente tienen una misma huella psíquica (ver Magistretti y Ansermet, 2006).
Cada uno de nosotros heredamos un cerebro diferente que es moldeado de forma distinta según las experiencias que vivamos: en el amor, en lo cognitivo, en lo social, en lo lingüístico, etc., etc. Pero a pesar de ello tenemos cosas en común, de otra manera la psicología como ciencia sería imposible. Todos pasamos por las mismas etapas del desarrollo, tenemos una forma parecida de desarrollar nuestros procesos y habilidadades humanas, todos adquirimos lenguaje aproximadamente a los 24 meses, pensamiento simbólico aproximadamente a la misma edad, aprendemos a caminar cerca del primer año de vida, pasamos la adolescencia a los mismos años, etc. Y estas habilidades son adquiridas a través de procesos similares a pesar de que las culturas de crianza sean diferentes.
Por eso la conclusión a la que hemos llegado hoy es que somos todos idiográficamente distintos pero normativamente parecidos. Normativamente parecidos porque tenemos un cerebro heredado biológicamente que es muy parecido entre nosotros, pero que se moldea según las experiencias que cada uno vive a lo largo de su vida. Por eso hablamos de la huella psíquica, esa interacción con el medio produce una huella (en forma de red neuronal) que quedaría grabada en nuestro cerebro creando seres propietarios de un cerebro único y diferente a todos los demás, es la parte idiográfica, al igual que nuestras huellas digitales.
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Bronfenbrenner (1987) La ecología del desarrollo humano. Buenos Aires: Paidós
Magistretti, P., y Ansermet, F. (2006) A cada cual su cerebro. Madrid: Editorial Katz

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