La mente humana y la conducta que se fundamenta en ella son enormemente variables. Como decía el famoso neurobiólogo Robert Turner “Nunca utilizamos dos veces el mismo cerebro”. Las diversas experiencias por las que pasan los sujetos y la forma en que está actúa sobre la biología cerebral (que podría ser representada en este sentido por el concepto actual de “plasticidad neuronal”), así como los cambios debidos a la maduración biológica (marcada en el código genético), conllevan continuos cambios en las redes neuronales y en otros mecanismos del organismo (especialmente químicos), y por tanto en la conducta externa e interna del sujeto. De tal modo que, incluso en muchas ocasiones un mismo sujeto no responde de la misma forma a un mismo estímulo. Si a ello añadimos la enorme variabilidad entre sujetos, entonces comprenderemos mejor la dificultad que tiene la psicología para crear reglas universales.
Por otro lado, las personas viven en un contexto cultural y social muy rico, el cuál está plagado de variables que correlacionan entre ellas influyendo sobre el desarrollo de un individuo determinado, la confluencia de todas esas variables complica mucho la tarea de discriminación de cuál o cuáles de ellas son las que realmente causan un efecto sobre una conducta determinada, o sobre el desarrollo de una habilidad o competencia. Es muy característico, por tanto, que en los humanos esa influencia sea multivariable, aunque no todas ellas inciden en el mismo grado. Este hecho complica también el trabajo de los psicólogos que tratamos de averiguar las leyes y teorías que conducen el desarrollo humano.
Otro aspecto que me gustaría destacar es que nosotros no tenemos las potentes herramientas que se tiene en esas ciencias más experimentales para explorar los fenómenos que les interesan. Ni siquiera actualmente, con las modernas herramientas que permiten observar el cerebro cuando está realizando una tarea determinada (resonancia magnética funcional, magnetoencefalografía, técnicas de irradiación (PET),etc., podemos ver más que una localización muy basta de funciones en determinadas estructuras.
No hay que olvidar tampoco las dificultades éticas que existen para la investigación, puesto que es impensable la realización de experimentos que podrían condicionar el desarrollo futuro de los sujetos que estudiamos.
Es interesante añadir también que en psicología la herramienta que utilizamos para estudiar los fenómenos psicológicos originados en el propio cerebro es él mismo, por tanto sujeto y objeto de estudio no son diferenciables.
En estas condiciones lo extraño no es que existan muchos modelos que intenten explicar el desarrollo humano, lo curioso sería que solamente hubiera uno.

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